jueves, agosto 24, 2006

Un amigo, un compañero que se va HUINCA

El dolor que se siente al perder una mascota, el dolor que conlleva el sentir que se ha ido, cuanto duele mirar y que no este, cuanto duele el no escuchar sus ladridos, su olor, su cariño. Una perdida irreparable igual o superior al de una persona, sentir, recordar, emocionarse entristecerme al pensar que no esta. El llanto, el dolor que entristecerse el alma, sentir que se pudo hacer mas, siempre se puede hacer mas, pero el tiempo no juega a nuestro favor, el tiempo nos da malas pasadas, el tiempo y las personas nos defraudan. Como puede existir tal grado de maldad al envenenar a una mascota, que persona desquilibrada llega al extremo de quitarle la vida. Individuos que merecen el peor castigo que les pueda dar la vida y se los deseo de todo corazón, que sean castigado de igual forma, (ojo por ojo), la persona que lo hizo debe sentir lo mismo que siente nuestros corazones. El individuo es un ente de tal calaña que no merece ser considerado persona. Reemplazar el dolor que se siente de perder un compañero es la peor situación que nos puede ocurrir, una mascota es parte de uno, es parte de nuestra familia, es un compromiso que mantenemos al hacernos responsable de una vida, una alegría.

Siempre te recordaremos y siempre estarás en nuestros corazones y perdona con toda mi alma lo que te hicieron y no poder evitarlo a tiempo. Lamento el dolor que debiste sentir, y el dolor que nos causa tu ida, pero siempre estarás en nuestros pensamientos y en nuestra alma, porque te amamos serás siempre parte nuestra alma, corazón y pensamientos. Adiós HUINCA.
Todo pasa por algo y todo lo hemos vivido.
Déjà vu
Carpe Diem

viernes, enero 27, 2006

El diario de un perro maltratado y abandonado...que sirva para concienciar a la gente...y piensen en ellos como un hijo, como un ser querido.

Una semana: Hoy hace una semana que he nacido. Qué alegría haber llegado a este mundo.
Un mes: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
Dos meses: Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós. Espero que mi nueva familia humana me cuide tan bien como ella me ha dicho que harán.
Cuatro meses: He crecido rápido, y todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como hermanitos. Somos todos muy inquietos, ellos me tiran del rabito y yo les mordisqueo jugando. Nos divertimos mucho.
Cinco meses: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí dentro de casa, pero nunca me habían dicho dónde hacerlo. Además duermo en un cuartito...y ¡ya no aguantaba más!
Ocho meses: Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar, y me siento tan seguro, tan protegido...Mi familia humana me quiere y me deja hacer muchas cosas. Cuando están comiendo yo les pido algo y siempre me lo dan. Y el jardín de casa es estupendo, y puedo escarbar como mis antepasados los lobos, escondiendo la comida. Creo que nunca hago nada mal porque nunca me dicen nada...
Doce meses: Hoy cumplí un año. ¡Soy un perro adulto! Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Seguro que se sienten orgullosos de mí...
Trece meses: Que mal me sentí hoy. Mi hermanito, uno de los niños, me quitó la pelotita. ¡Yo nunca le quito sus juguetes! Así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho fuertes y le hice daño sin querer. El gritó y lloró y yo me sentí muy triste. Después del susto me encadenaron casi sin poder moverme. Hacía mucho sol y tenía mucho calor y no había agua cerca...Y les oí decir que iban a tenerme en observación o algo así, y que soy un desagradecido. No entiendo nada.
Quince meses: Ya nada es igual. Vivo en la azotea y me siento muy solo. No se por qué mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed, y cuando llueve no tengo ningún techo para cobijarme.
Dieciséis meses: Hoy me bajaron de la azotea. Me puse muy contento de que me perdonaran, y daba saltos de gusto, y movía el rabito como nunca. ¡Y además me van a llevar de paseo! Monto en el coche y espero a ver a dónde me llevan, tengo muchas ganas de correr y jugar con mi familia. Paramos, abrieron la puerta y yo me bajé feliz. Estábamos en la carretera, al lado de un campo y pensé que pasaríamos un día estupendo. No entiendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Esperadme!, les grité, ¡Os olvidáis de mí! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas, muy angustiado, iba viendo que no podría alcanzarles, que no podía correr más y el coche se iba haciendo pequeñito. Me habían olvidado.
Diecisiete meses: He intentado encontrar el camino para volver a casa y no lo he conseguido. Estoy perdido. A veces me encuentro con gente buena que me mira triste y me da algo de comer. Yo les doy las gracias con la mirada, y les digo que querría que me adoptaran, que les prometo ser leal como nadie...pero sólo dicen "pobre perrito, se debe haber perdido". Y se van y me dejan sólo otra vez.

Si desean y anhelan una mascota cualesquiera que esta sea, piensen en el bienestar de ellas y no en la satisfacción propia y egoísta.